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El derecho-deber de la inclusión de mujeres

Fecha: 23 noviembre, 2020

Alejandra Pozo Cortez

El derecho-deber de la inclusión de mujeres

Alejandra Pozo Cortez, abogada
Directora de Género UCN

Antes de llegar al actual momento Constituyente, decenas de mujeres debieron superar múltiples obstáculos puestos intencionalmente en el camino para dificultar su derecho a la inclusión en espacios públicos o de toma de decisión, sea por quienes ejercían el poder o por quienes lo pretendían.

El logro de la paridad no es exclusivo de esta generación ni ha sido gratuito: nos preceden aquellas que en el fragor de la historia prepararon generosamente el camino cada vez que alzaron la voz en contra de la desigualdad estructural y en contra de la injusticia, razones por las que varias fueron violentamente silenciadas, puestas en tela de juicio o apartadas del ámbito político.

De allí, que las mujeres tenemos varios deberes. Es nuestro deber ocupar los espacios públicos y mantener la memoria recordando a nuestras referentes. Es nuestro deber visibilizar todas las inequidades, vulneraciones y discriminaciones históricamente sufridas por niñas, adolescentes y mujeres en diversos territorios del país, sea por su etnia, pensamiento, orientación o situación. Es nuestro deber obtener el reconocimiento que como sujetas de derechos merecemos. Y, finalmente, es nuestro deber apelar al Estado para que avance hacia la garantía de todos nuestros derechos y libertades que nos han sido desde antiguo desconocidos.

En conclusión, participar en los espacios públicos es un derecho, pero al mismo tiempo constituye un deber ético, de eso, debemos hacernos cargo de forma estratégica, con mucha valentía y empatía, porque la inclusión de mujeres genera tensiones y, por qué no decirlo, también genera violencia.

En este mes de la eliminación de la violencia de género, pedimos que el camino hacia los cargos públicos de elección y hacia una nueva constitución paritaria sea despejado de todo obstáculo hacia las mujeres y libre de toda violencia en contra de nuestras eventuales competidoras, como también pedimos que entre nosotras exista la suficiente empatía para no juzgar y dedicarse a aportar a aquellas que se atreverán, porque ocupar esos espacios es un acto reivindicatorio, recuperar lo que es nuestro, reivindicar nuestra dignidad, la dignidad de la otra mitad.

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