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Sobre el trabajo doméstico

Fecha: 24 julio, 2020

Alejandra Pozo Cortez

Sobre el trabajo doméstico

Alejandra Pozo Cortez
Directora de Género UCN

El 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico para reconocer el trabajo no remunerado que realizamos las mujeres en nuestros hogares.

Hablar de trabajo doméstico tiene que ver con la construcción sociocultural del concepto de género que considera que a las mujeres nos corresponde todo lo del ámbito privado, como el cuidado de la familia y el aseo de la casa, y que a los hombres les corresponde todo lo del ámbito público, como el trabajo remunerado y el estudio, y que, si las mujeres trabajamos remuneradamente o estudiamos, debemos llegar a completar las tareas del hogar después de nuestra jornada. Según la ONU, las mujeres realizamos al menos 2,5 veces más trabajo doméstico no remunerado que los hombres, por tanto, tenemos menos tiempo para dedicar al trabajo remunerado o estudio y trabajamos más horas, combinando actividades remuneradas con otras que no lo son.

En el actual contexto de pandemia por COVID-19, la situación se ha acrecentado, puesto que ahora a lo largo del país estamos trabajando remuneradamente o estudiando desde casa, lo que nos obliga a ejercer al mismo tiempo y en el mismo lugar las labores de maternidad, trabajo doméstico y trabajo remunerado o estudio.

De allí surgen conflictos, porque el cumplimiento de las responsabilidades se dificulta, experimentando una sensación de insuficiencia para atenderlas. Para resolverlos, como sociedad debemos romper los estereotipos de género y comprender que los roles productivos y reproductivos son responsabilidad y deber de hombres y mujeres; en la familia debemos asumir personalmente un compromiso de no transferir a otras y otros las responsabilidades que nos son propias y, como comunidad, debemos construir una cultura de trabajo y estudio que reconozca a hombres y mujeres como sujetos integrales, con los mismos derechos a desarrollarse.

Al respecto, el Estado de Chile -en tiempos de inestabilidad económica y social- ha conservado silencio sobre políticas públicas en salud física y mental con enfoque de género y sobre la promoción de acciones de conciliación de la vida personal y laboral/estudiantil, delegando en los privados la solución y generando mayor desigualdad, no solo entre hombres y mujeres, sino,  además, entre territorios, porque en Antofagasta la tasa de desempleo femenino es tan alta que  obliga a todas a cuidar su fuente de ingresos “como sea”, aún en desmedro de su vida familiar y personal. En consecuencia, es urgente que el Estado de Chile cumpla la Convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer que establece que los estados deben tomar todas las medidas apropiadas para asegurar el pleno desarrollo y adelanto de la mujer, con el objeto de garantizarle el ejercicio y el goce de los derechos humanos y libertades fundamentales en igualdad de condiciones con el hombre.

 

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