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Crecimiento y equidad, el debate subyacente en el proceso constituyente

Fecha: 22 marzo, 2017

Manuel Perez

Crecimiento y equidad, el debate subyacente en el proceso constituyente

Manuel Pérez Trujillo
Académico Departamento de Economía UCN
Director del Observatorio Laboral de Antofagasta


Eficiencia y equidad aparentemente no debieran ser elementos contrapuestos. Sin embargo, desde la perspectiva económica se han considerado como dos procesos contrarios, asumiendo que la existencia de uno puede afectar al desempeño del otro.

Desde el comienzo de la economía como ciencia, se ha producido el debate entre eficiencia y equidad. Ambos elementos son igual de necesarios para el desempeño económico, pues la eficiencia se requiere para mejorar la capacidad productiva y el crecimiento económico, mientras que la equidad es imprescindible para capitalizar el proceso de crecimiento hacia el resto de la sociedad y, por tanto, mejorar su nivel de desarrollo.

Como el lector podrá entender, eficiencia y equidad aparentemente no debieran ser elementos contrapuestos. Sin embargo, desde la perspectiva económica se han considerado como dos procesos contrarios, asumiendo que la existencia de uno puede afectar al desempeño del otro. En este sentido, cabe preguntarse qué puede suceder cuando una sociedad se mueve en los extremos de ambos para poder comprender este proceso excluyente.

A modo de ejemplo ilustrativo, se pueden utilizar las dos contrapartes existentes durante la Guerra Fría, lo que es un ejemplo frecuentemente utilizado en este debate entre eficiencia y equidad.

Por un lado, el caso extremo de la eficiencia económica son los Estados Unidos, líder de la economía mundial, habiendo alcanzado un avanzado nivel de modernización a lo largo de los últimos 150 años. No obstante ello, cuenta con uno de los niveles de desigualdad en la distribución de la renta más altos de todas las economías del mundo industrializado, derivado del excesivo rol que juega el mercado en aspectos fundamentales como educación y sanidad. Este hecho hace que el “pobre” se encuentre a una gran distancia del “rico”, con todas las implicaciones que ello conlleva en términos de igualdad de oportunidades y capacidad de poder salir de la situación de necesidad, situación que, por lo demás, ha empeorado a lo largo de los últimos 40 años en los EE.UU.

Por otro lado, tenemos que el caso extremo en términos de igualdad sería el comunismo aplicado en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el que llevó al colapso económico debido a la falta de desarrollo de un modelo donde los recursos se asignaran de manera correcta en el ámbito productivo, distribuyendo -en definitiva- la pobreza entre todos los individuos de forma equitativa.
Sin embargo, estos dos casos extremos no son los únicos modelos económicos existentes y sería un caso de miopía económica el acudir siempre a ellos para tratar de debatir entre eficiencia y equidad.

En este sentido, vale recordar los casos de las economías de la Europa Occidental como, por ejemplo, Alemania o Francia, donde el desarrollo del Estado Bienestar tras las II Guerra Mundial ayudó a combinar altas tasas de crecimiento y desarrollo económico de manera simultánea. Así, el único elemento que cambia entre todos los ejemplos destacados es el rol del Estado y la configuración de unas instituciones que, de una u otra forma, combinan crecimiento y desarrollo económico.

Por lo tanto, en el debate que hoy en día se lleva a cabo sobre el tipo de país que debería ser Chile, es imprescindible comprender cuáles son los actuales valores de los ciudadanos y qué tipo de instituciones desean tener. Adoptar un nuevo modelo implica sacrificios que una parte u otra de la sociedad deben asumir, con el fin de hacer que el desarrollo social -mucho más importante que el crecimiento económico- sea una realidad.

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